El dolor y la ira de más de un millón de personas que durante la semana pasada compartieron en Twitter las etiquetas #MeToo y #YoTambién han llenado las redes sociales de historias personales de acoso y agresiones sexuales. Esta protesta virtual de solidaridad resalta tanto la urgencia de encontrar una voz compartida como la escala oculta de estas agresiones que previamente no habían sido registradas. Esta protesta en línea es importante porque está dando voz a actos que son públicos, pero que habían sido silenciados y neutralizados. Es un cruel privilegio acosar a una niña o una mujer con impunidad, pero en muchos casos es la norma. Lo que estamos viendo, mientras las mujeres construyen estas narrativas y se refuerzan unas a otras y los hombres se unen a la conversación reconociendo su rol, es la reafirmación de que denunciar el acoso y la intimidación es lo justo. También estamos viendo en números la fuerza que tienen estas experiencias individuales que normalmente se callan.

Mientras se construye una multitud a partir de las mujeres que cuentan su historia, vemos emerger una imagen de la vida real. Una masa crítica que está creciendo y que demuestra cuántas cosas están mal cuando la gente puede actuar con impunidad en una cultura de silencio.

Esta ola virtual se une a una gran cantidad de movimientos masivos que colectivamente expresan el activismo de las mujeres: las marchas “Ni una menos” en América Latina para denunciar la violencia contra las mujeres, particularmente contra aquellas menos privilegiadas; las marchas de mujeres que tuvieron lugar en todo el mundo a principios de este año en apoyo a los derechos de las mujeres y otras libertades, así como las marchas en Polonia e Irlanda en contra de la prohibición de abortos.

La participación plena y libre de las mujeres en la sociedad, en la política y en el lugar de trabajo es esencial para que sus voces sean escuchadas y sus derechos respetados. Mientras más mujeres ocupen altos puestos de representación tanto en el sector público como en el privado, más oportunidades habrá para cambiar la cultura de invisibilidad e impunidad, en la cual algunos hombres acosan a las mujeres. La indiferencia casual y gente que dice “no es nada” deben parar. El número de hombres que se han unido a esta campaña es prometedor, pero todavía está lejos de ser suficiente (30%, de acuerdo con un reporte publicado por la prensa inglesa). La ceguera permisiva ha sido la norma durante demasiado tiempo. De lo que se trata es de que hombres y mujeres cambien sus respuestas a los actos de agresión sexual y que actúen con solidaridad para hacerlos visibles e inaceptables. Los hombres buenos no deben ser espectadores silenciosos.

Necesitamos a todas las mujeres empoderadas para hablar, para que sus derechos y sus cuerpos sean respetados y que nadie quede fuera. No más impunidad. Saludamos a miles de mujeres que han peleado contra todas las violaciones a los derechos de niñas y mujeres, y hacemos un llamado a renovar la inversión en la lucha para terminar con todos los tipos de violencias contra las mujeres.

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