Hablemos de las expectativas, esas que nos hicimos al pensar que sería el hijo perfecto y de repente tenemos todo lo contrario.

Existen preguntas fuertes que te cuesta decirlas en público ¿Has pensado que la vida te ha quedado a deber con el hijo o los hijos que tienes? Cuando abrazas a tu hijo ¿sientes que debería ser otro hijo? ¿Experimentas enfado y/o frustración al verlo?

Y definitivamente ¿qué hacer cuando sus hijos son súper rebeldes y a todo dicen que NO? escuchen:

¿Qué es Mindfulness?

Mindfulness puede definirse como “la conciencia que surge de poner atención al momento presente sin juzgar”. Eso también incluye las necesidades de los hijos, a cambiar la perspectiva y a resignificar la relación, generando un ambiente familiar menos estresado, consistencia en los límites, flexibilidad en las estrategias de educación que promueven el óptimo desarrollo psicosocial de padres e hijos y principalmente el fortalecimiento de vínculos entrañables que perduran en las diferentes etapas de la vida.

¿De dónde surgen esas expectativas, yo sólo quería ser mamá o papá?

Desde el momento en que una pareja sabe que está esperando un hijo surgen expectativas:

  • ¿Quieren niña o niño?
  • El deseo que sea sano
  • Que se parezca a alguien en particular
  • Que se comporte de una manera determinada
  • Que sea académicamente exitoso
  • Que elija adecuadamente una carrera, una pareja y por supuesto que sea feliz, lo que sea que eso signifique para los padres.

Las expectativas surgen a partir de creencias y experiencias previas; generan reacciones y conductas automáticas y si no son cumplidas provocan frustración y dolor tanto para los padres como para los hijos.

Este tipo de atención nos permite aprender a relacionarnos de forma directa con aquello que está ocurriendo en nuestra vida, aquí y ahora, en el momento presente. Es una forma de tomar conciencia de nuestra realidad, dándonos la oportunidad de trabajar concientemente con nuestro estrés, dolor, enfermedad, pérdida o con los desafíos de nuestra vida. En contraposición, una vida en la que no ponemos atención, en la que nos encontramos más preocupados por lo que ocurrió o por lo que aun no ha ocurrido, nos conduce al descuido, el olvido y al aislamiento, reaccionando de manera automática y desadaptativa.

La atención plena nos ayuda a recuperar nuestro equilibrio interno, atendiendo de forma integral a los aspectos de la persona; cuerpo, mente y espíritu. Practicando la atención plena desarrollamos una mayor capacidad de discernimiento y de compasión. La práctica de esta atención abre la puerta hacia nuevas posibilidades, nos trae al aquí y al ahora, nos invita a vivir una vida de manera plena y en el presente.

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