La imagen más reconocible de Hugh Grant no corresponde a una instantánea tomada en una sesión fotográfica, ni tampoco se hizo en un estudio. La fotografía más famosa del actor la tomó un funcionario en una comisaría de Los Ángeles, después de que el londinense fuera arrestado por mantener relaciones sexuales en la calle, en su propio coche, con una trabajadora sexual.

El desliz tuvo lugar a finales de junio de 1995. Grant, en la cresta de la ola gracias a su simpático papel en la romántica Cuatro bodas y un funeral, hacía sus primeros pinitos en Hollywood y andaba promocionando aquellos días una conservadora comedia titulada Nueve meses.

Esa dichosa madrugada, salió a dar una vuelta por Sunset Strip, en busca de aventuras, y terminó topándose con Divine Brown –cuyo nombre real es Estella Marie Thompson–, una prostituta a quien metió en su coche y pidió que le hiciera una felación en una calle cercana por 60 dólares.

Dos agentes de la policía que pasaban por el lugar se percataron de unos movimientos extraños en el interior de aquel BMW blanco, alquilado para él por la productora de la película, y arrestaron a la pareja por conducta depravada.

El actor, que en todo momento cooperó con los agentes, posó resignado para la fotografía de la ficha policial y fue puesto en libertad aquella misma noche. Cuando poco después trascendió públicamente lo sucedido, Grant –novio en ese momento de la actriz y modelo Liz Hurley– declaró que había “herido a las personas que amo y avergonzado a las personas con las que trabajo”.

Durante los meses siguiente, Brown se convirtió en objetivo de los paparazzi. Sin ir más lejos, el tabloide sensacionalista News of the World le pagó cien mil dólares para que contase su historia y la mujer se explayó contando, entre otras cosas, que el actor le había confesado que practicar sexo con una mujer negra era una de sus fantasías sexuales de siempre. Brown acabó convirtiéndose en una especie de celebrity en su país. Con el dinero que ganó acabó dejando la prostitución, se compró una casa en Atlanta y llegó a viajar a Reino Unido para promocionar la cadena de televisión para adultos Fantasy Channel.

Con menos alegría gestionaría el asunto Grant, que se vio obligado a pagar una multa de mil dólares, y a participar en un programa de educación sobre el sida. Su carrera hollywoodiense había estado a punto de irse al garete ya antes incluso de comenzar.

“La gente se creía que yo era aquel personaje tan majo que hice [en Cuatro bodas y un funeral], así que supongo que el contraste entre esa persona y mi sucio comportamiento era una historia muy jugosa”, confesaría el propio actor años más tarde. Los productores de Nueve meses, cabreados como monos, cancelaron temporalmente la promoción de la película y castigaron al actor, obligándole a pasear por ahí pidiendo disculpas públicas por lo sucedido.

Pero la doble moral norteamericana es de sobra conocida, y aquel tema no impidió que el filme acabara estrenándose por todo lo alto, e incluso se convirtiera en un taquillazo. Grant, ganador de un Globo de Oro y un Bafta, se apoyó durante un tiempo en su familia –Hurley y él pasarían otro lustro juntos, y hoy día siguen siendo buenos amigos–, y su público, que nunca fue demasiado rencoroso, siguió fielmente a su lado cuando el actor decidió especializarse totalmente en papeles de galán torpe pero entrañable. “Después de eso [Cuatro bodas y un funeral], la gente me arrojó camiones llenos de dinero para hacer comedias románticas. En la mayoría de los casos, estoy orgulloso de esas películas, las sigo viendo a día de hoy y me gustan, no reniego de ellas. Pero hay una carrera completamente diferente que podría haber tenido y no tuve”.

Sería absurdo negar que aquel desagradable episodio tuvo cierto impacto en la vida de Grant, quien ahora lleva ya unos cuantos años librando una dura batalla contra los tabloides británicos en aras de la protección de su privacidad y la de su familia. No en vano, el actor fue durante un tiempo víctima de pinchazos telefónicos y escuchas ilegales por parte del ya desaparecido News of the World o The Sun, y logró ayudar a que Tinglan Hong, madre de sus dos primeros hijos, consiguiera en 2011 una orden judicial de alejamiento para protegerse del acoso de los paparazzi.

 

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