Así podríamos seguir contando situaciones con las que te sentirás identificada pero mejor pasemos a ponerle solución a ese “hambre psicológico”.

Estos factores que hemos mencionado pueden hacer, según explica Marta Gámez, Directora Técnica de I+D de Nutrición Center (empresa de referencia en el asesoramiento nutricional en farmacias), que se ingieran mayor cantidad de alimentos a deshoras y sin control. En la mayoría de los casos, el estómago está saciado y no necesita alimento, pero en estas circunstancias comemos sin que exista realmente una necesidad fisiológica, pero sí psicológica.

El problema de los ataques de hambre por ansiedad es que, para conseguir satisfacerlos, recurrimos a alimentos calóricos y poco sanos. Está claro que por aburrimiento o estrés no nos prepararíamos una ensalada. Esta práctica se puede evitar si aprendemos a controlarlos y a reconocer esas situaciones de estrés y nerviosismo y empleamos mecanismos adecuados para calmar esa necesidad psicológica.

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¿Quieres saber algunos trucos a los que puedes recurrir cuando aparecen esos ataques de hambre psicológicos? Aquí te dejamos algunos:

1-    Hacer ejercicio. Es imprescindible mantener la mente ocupada. Salir a hacer ejercicio es, aparte de la opción más sana, una de las opciones que más conseguirá que liberes ese estrés y, aunque durante el ejercicio, pienses en tus problemas, una vez llegues a casa te sentirás más libre y realizada.

2-    Beber agua. Te levantas de la silla, vas a la nevera, la abres y, efectivamente, ves eso que andabas buscando, chocolate. Lo que tendría que hacer tu cabeza en ese momento es pensar en el arrepentimiento tras haberte comido 4 onzas de chocolate. Para evitar la tentación, desvía mejor tu mirada al agua, bebe tranquilamente dos vasos bien llenos, verás cómo esas ganas de comer se te han quitado por estar llena de líquido.

3-    Masticar. Para calmar tu ansiedad de comer guarrerías opta por comer cosas sanas, como una manzana, chicle (es la mejor opción porque es la que más dura) o zanahoria. La cosa es tener la mente ocupada.

4-   Leer. Siempre es un buen aliado para la ansiedad. En cuanto te metes en la historia se te pasan esas ganas de atacar la nevera.

Fuente.

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