Actualmente es importante señalar que la discriminación representa a todas aquellas teorías, concepciones, acciones y comportamientos que se sustentan en la suposición y la creencia ciega de que las manifestaciones culturales y las acciones de las personas dependen de su origen étnico, y que existe un grupo superior al que le corresponde la función de dominio sobre otros grupos que son considerados inferiores. La discriminación se fundamenta en la existencia de prejuicios colectivos, estereotipos sociales y discursos racistas que también afectan a México, en donde distintas investigaciones producidas por diversas instituciones, así como por universidades públicas y privadas documentan que más del 50% de las personas que han sido entrevistadas consideran que la discriminación es un factor que se encuentra presente en la vida cotidiana de las personas.

Definitivamente la discriminación representa una temática que inquieta y preocupa a todos los que luchamos cotidianamente y desde hace años, por una sociedad más incluyente, justa y democrática. Esto es así porque observamos que aún en las sociedades con mayor desarrollo social y económico, y que poseen amplias libertades para sus ciudadanos, este fenómeno representa un grave problema que se mantiene y que no se logra resolver adecuadamente. Incluso, en lugar de disminuir, la discriminación está aumentando peligrosamente y se está estableciendo como uno de los fenómenos más persistentes de nuestra cotidianidad. Ella se encuentra anclada en distintos aspectos de la vida social ordinaria y alcanza también a diferentes esferas de la acción política. La discriminación adopta continuamente nuevas formas y modalidades para expresarse, cambia de rostros, se hace más sofisticada y sutil de acuerdo con las distintas circunstancias que vivimos todos los días.

Cuando se habla de discriminación la referencia es a toda diferencia de trato, distinción, exclusión, limitación o preferencia que se encuentra fundada en el origen y la pertenencia étnica, el color de la piel, la preferencia sexual, el idioma, la cultura, la religión, las opiniones políticas, el origen nacional, la posición que ocupamos en la vida económica o social, y que tiene como finalidad alterar o eliminar la igualdad y la equidad que debe existir entre las personas. Esta relación diferenciada, desigual y hostil por parte de unos grupos o individuos hacia otros, muy frecuentemente termina excluyendo a las minorías, sobre todo aquellas que se encuentran en situación de vulnerabilidad. La discriminación se produce en distintos ámbitos y con intensidades variables, siendo en cualquier caso una violación, o mejor, una negación del principio básico de la igualdad de oportunidades porque toma en cuenta, directa o indirectamente, factores que no tienen nada que ver con las capacidades reales de las personas.

Para promover el bien, también debemos saber pensar en el mal. Observamos la discriminación constantemente a nuestro alrededor: tanto en los discursos de odio contra los migrantes por parte de Donald Trump, como en la barbarie totalitaria y los genocidios que ocurren en el Medio Oriente, África y Asia, así como en otras partes del mundo; la vemos tanto en el avance de los autoritarismos en Europa Oriental y de los populismos políticos en América Latina, como en las manifestaciones extremas de la exclusión social representadas por el aumento de la precariedad y de la pobreza de los excluidos y de los más débiles en prácticamente en todo el mundo. Del mismo modo, la discriminación está presente en la represión del disenso y de las oposiciones, en la censura del pensamiento libre, en la criminalización de la diversidad sexual y en el incremento de las violencias de género así como de las intolerancias religiosas que forman parte del amplio mapa de las discriminaciones que acontecen en las sociedades de nuestro tiempo.

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