A lo largo del embarazo nos imaginamos muchas cosas. Una de ellas, conforme se acerca el parto, es la vuelta a casa; a esa habitación preparada con tanta ilusión. Pero a veces las cosas no son como esperamos y hay que quedarse más días de los previstos.

MOTIVOS

Generalmente asociamos Neonatología –y sobre todo las incubadoras–, solo a bebés prematuros. Pero no es necesariamente así. Como explica la neonatóloga Elba López Turconi, si bien en la mayoría de los casos es por esto, otros bebés necesitan quedarse porque nacieron con bajo peso o porque, por ejemplo, presentan inconvenientes cardíacos, respiratorios o quirúrgicos.

«Cada bebé tiene un cuadro con diagnóstico y pronóstico diferente. Algunos solamente necesitan observación y cuidados mínimos, mientras que otros requieren supervisión especial, controles constantes y equipos muy avanzados para poder superar su condición», señala la médica.

También explica que en muchas ocasiones, durante su internación, los pequeños requieren de una incubadora porque esta permite mantener la temperatura corporal adecuada y, además, facilita su control y observación.

LIBRE

La asesora cuenta que en la mayoría de los servicios de Neonatología los bebés son revisados durante la mañana, se les realizan los controles de laboratorio y radiología, y luego el médico les da el informe a los padres. De todos modos, las enfermeras y los médicos siguen controlándolos durante las 24 horas del día y compartirán las novedades con la familia, según se vayan presentando.

Dice que también, generalmente, tanto nosotras como nuestra pareja podemos ingresar y estar con nuestro hijo, sin restricciones ni horarios fijos. Igualmente, la médica aclara que en algunas situaciones, si el personal de salud necesita trabajar muy activamente con algún bebé del sector, seguramente se nos restrinja el ingreso hasta que la situación lo permita.

Según López Turconi, durante las primeras horas o días –de acuerdo al estado clínico del bebé–, es probable que no podamos tenerlo en brazos, pero sí podremos contenerlo, hablarle y participar de algunos de sus cuidados junto con la enfermera, por ejemplo, en el cambio de pañal.

LACTANCIA

Si el bebé es muy pequeño o no está en condiciones de tomar directamente del pecho, se le administra nuestra leche mediante un pequeño tubito, una sonda que lleva el alimento en forma directa al estómago. Las enfermeras y puericultoras nos enseñarán a realizar la extracción de leche con sacaleches –manual o eléctrico– y a conservarla correctamente. Cuando ya esté en condiciones, el inicio de la lactancia a pecho será en forma progresiva hasta que pueda alimentarse por completo a libre demanda. Incluso a medida que vayan mejorando las condiciones clínicas, el contacto también irá progresando: podremos tenerlo en brazos, ponerlo piel a piel, calmarlo y alimentarlo como a cualquier bebé recién nacido.

 

«La lactancia materna no solo es importante por sus características nutricionales e inmunológicas, sino por el contacto piel a piel, que favorece el vínculo y disminuye el estrés del pequeño», concluye la profesional.

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