¿Qué hubiera sido de mí si en lugar de ir por acá hubiese ido por allá? ¿O por ahí? ¿Y si en lugar de haber seguido trabajando en esta empresa me hubiera ido a otra? ¿Me sentiría menos frustrada? ¿Y si hubiese elegido seguir con Julián en lugar de casarme con Santiago? No tengo la menor idea. Pero quizás, tal vez, si en su momento hubiese utilizado la técnica del 10-10-10 tendría, al menos, un puñado de respuestas para surfear la onda expansiva de autocuestionamientos, lamentaciones y arrepentimientos.

¿De qué va el hallazgo tranquilizador? El programa para tomar decisiones difíciles y complejas elaborado por la periodista americana especializada en finanzas, Suzy Welch, se basa en el análisis minucioso y consciente de las implicancias de nuestras acciones.

A brevísimo, mediano y largo plazo, y a través de tres preguntas fundamentales: ¿cómo me sentiría en los próximos diez minutos si tomara tal alternativa?, ¿y en diez semanas?, ¿y en diez años? Justamente su creadora, que fue directora de la Harvard Business Review y prolífica escritora de artículos sobre dirección empresarial, dirección y creatividad, lo puso en práctica en lo que significó una de las decisiones más radicales que tomó en su vida: divorciarse.

La propuesta de Welch es un llamado a elaborar (y poner por escrito) escenarios alternativos sobre ese dilema o problema que nos atormenta, antes de actuar de modo impulsivo y autoboicotearte. Además, el ejercicio del juego de las perspectivas múltiples nos permite, explica la autora, distanciarnos del asunto conflictivo. Determinantes para pensar alternativas superadoras e inéditas.

El ejercicio del juego de las perspectivas múltiples nos permite, explica la autora, distanciarnos del asunto conflictivo. El ejercicio del juego de las perspectivas múltiples nos permite, explica la autora, distanciarnos del asunto conflictivo.

UN, DOS, TRES, CUATRO…Para el psicoanalista y psiquiatra, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, Harry Campos Cervera, la fórmula del 10-10-10 bien podría ser la versión menos profesionalizada de aquellas frases de las abuelas: «contá hasta diez antes de actuar»; «descansá hoy, mañana ves».

Lo interesante del método es que, por un lado, al abrir el abanico de miradas y variables ganamos en claridad, una cualidad que «viene con el tiempo», y, por otro lado, ponerlo en práctica aumenta las chances («al correr el componente narcisista que hace que no queramos ver la realidad tal cual es») de no equivocarnos en la elección.

También nos ayuda a mantener a raya la ilusión. Si se desboca, sabemos, suele derivar en una enorme desilusión o frustración. Pero hay algo más, que parte de una persistencia particular de nuestro cerebro. Como puntualiza la profesora en Ciencias biológicas y facilitadora de mindfullnes, Anahí Pugliese: «Por temor, y aunque atente contra nuestro crecimiento, la mente tiene una tendencia a repetir patrones negativos y limitantes con tal de mantenernos dentro de un territorio reconocido –la mullida zona de confort– en la que nos sentimos a salvo».

 

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