Escuchar que esa persona con la que compartiste ciertos de momentos tiene pensado pasar por el altar, puede dejarte tocada y hundida… O no

Tú ex se casa. ¿Y qué? No fuiste feliz con él, rompiste y encontraste a otra persona. Final de la historia. Bueno, quizás no vayamos tan rápido.

Escuchar que esa persona con la que compartiste ciertos de momentos tiene pensado pasar por el altar, puede dejarte tocada y hundida. No, nos equivoquemos, claramente tienes claro que jamás volverías con ese impresentable que hizo añicos tu corazón. El mismo que te plantó en tu cumpleaños y que se acostó con tu mejor amiga.

Ya le perdonaste hace mucho tiempo pero no te engañes, aún queda un resquemor. Y aunque siempre le has deseado lo mejor, hay un resquicio en tu ser que te impide verle tan exultante y desbordante de amor.

Ahora mismo te sientes como cuando Carrie descubrió el anuncio de la boda de Mr Big con Natasha en las páginas rosas del periódico. Quieres gritar y empezar a destrozar todo lo que tienes a tu alcance. Pero decides ser una persona adulta y le envías un mensaje de felicitación con una hipocresía nada propia en ti.

Claramente no entiendes lo que te pasa, llevas bastantes años enamorada de tu pareja actual, la cual es lo que siempre buscaste. Te entiende, te mima y sabe hacerte reír como el innombrable jamás supo. No te preocupes todo esto tiene una explicación.

  • Echando la vista atrás al pasado

Da igual el número de años que hayan pasado o que estés contenta con tu relación actual. Tu rabia fluye. ¿Nunca has dejado algo encima de la mesa porque ya no lo quieres y que cuando lo tiene el vecino, no quieres que lo tenga? Y ahora no vale eso de decir que no. Porque a todos y todas nos ha pasado. Se llama envidia, es un pecado capital y es muy común en los mortales.
Dejas la lógica a un lado y te olvidas de todo el posible sufrimiento. Te trasladas a todos esos momentos que te hicieron ser la persona más risueña de la faz de la tierra. Todo aquello que te ponía nerviosa o no soportabas de él ha quedado relegado a un segundo plano. Y para más inri te cuesta aceptar que eligió a otra persona para compartir su vida y no entiendes como no sigue todavía coladito por tus huesos.

  • ¡No desesperes, es pasajero!

Este mal que te inquieta y te perturba, desaparece. Queda con tus cuatro amigas, Cosmopolitan en mano, hablad de todas sus carencias y de los defectos de su futura esposa. En menos de lo que canta un gallo, has olvidado el asunto. Eso sí, mañana a ver quien va a trabajar con tal resaca.

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