Las infecciones urinarias consisten en la colonización (invasión o impregnación) persistente de bacterias, virus u otros microorganismos en el tracto urinario, compuesto por los riñones, la vejiga y la uretra, y se contraen por contagio. Durante el embarazo las infecciones urinarias pueden producirse más fácilmente por diversas causas, entre ellas:

*Los riñones aumentan de tamaño por el aumento del flujo sanguíneo que deben filtrar.

*La vejiga es desplazada de su sitio habitual por el crecimiento del bebé en gestación.

*Se produce una relajación de la musculatura de la vejiga y de los uréteres (a causa del aumento de la hormona progesterona), y se lentifica el flujo de la orina.

Bajo control

Siempre en la primera consulta prenatal tu médico te mandará a hacer un análisis de orina para descartar la presencia de bacterias que desencadenen una infección urinaria, y luego este análisis lo repetirá varias veces durante el curso del embarazo. «Los síntomas de una infección urinaria pueden ser variados, ya que puede presentarse como:

*Infección urinaria baja o cistitis: La cual se caracteriza por dolor abdominal bajo, sensación de urgencia urinaria, ardor o dolor al orinar (disuria) y sensación constante de deseos de orinar (polaquiuria)

*Infección alta o pielonefritis: Fiebre, dolor en zona lumbar y sensación de malestar general. En el embarazo puede presentarse con contracciones intensas, además de los síntomas de infección baja.

La diferencia entre ambas es que normalmente las infecciones comienzan como cistitis y, si no se tratan a tiempo, se transforman en pielonefritis.

También existe una entidad denominada bacteriuria asintomática, que se da en un 5% al 10% de los embarazos, la cual consiste en la colonización bacteriana del tracto urinario pero cursa sin síntomas, por eso es importante que ya se detecte durante el control prenatal

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